domingo, 12 de agosto de 2012

2A DECLARACION DE LA SELVA LACANDONA





HOY DECIMOS: ¡NO NOS RENDIREMOS!
"... no son unicamente los que portan espadas que chorrean sangre y
despiden rayos fugaces de gloria militar, los escogidos a designar el
personal del gobierno de un pueblo que quiere democratizarse; ese derecho
lo tienen tambien los ciudadanos que han luchado en la prensa y en la
tribuna, que estan identificados con los ideales de la Revolucion y han
combatido al despotismo que barrena nuestras leyes; porque no es solo
disparando proyectiles en los campos de batalla como se barren las tiranias; tambien lanzando ideas de redencion, frases de libertad y anátemas terribles contra los verdugos del pueblo, se derrumban dictaduras, se derrumban imperios (...) y si los hechos historicos nos demuestran que la demolicion de toda tirania, que el derrumbamiento de todo mal gobierno es obra conjunta de la idea con la espada, es un absurdo, es una aberracion,es un despotismo inaudito querer segregar a los elementos sanos que tienen el derecho de elegir al Gobierno, porque la soberania de un pueblo la constituyen todos los elementos sanos que tienen conciencia plena, que son conscientes de sus derechos, ya sean civiles o armados accidentalmente,pero que aman la libertad y la justicia y laboran por el bien de la Patria."
Emiliano Zapata en voz de Paulino Martínez, delegado zapatista a la Soberana
Convención Revolucionaria, Aguascalientes, Ags., México, 27 de octubre de 1914

AL PUEBLO DE MÉXICO:
A LOS PUEBLOS Y GOBIERNOS DEL MUNDO:
HERMANOS:
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en pie de guerra contra el mal
gobierno desde el 1 de Enero de 1994, se dirige a ustedes para dar a
conocer su pensamiento:
I
HERMANOS MEXICANOS:
En diciembre de 1993 dijimos ¡BASTA! El primero de enero de 1994
llamamos a los poderes Legislativo y Judicial a asumir su responsabilidad
constitucional para que impidieran la política genocida que el poder
Ejecutivo Federal impone a nuestro pueblo, y fundamentamos nuestro
derecho constitucional al aplicar el artículo 39° de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos:
"La soberania nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder publico dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno."
A este llamado se respondió con la política del exterminio y la mentira. Los
poderes de la Unión ignoraron nuestra justa demanda y permitieron la
masacre. Pero sólo duró 12 días esta pesadilla, pues otra fuerza superior a
cualquier poder político o militar se impuso a las partes en conflicto. La
Sociedad Civil asumió el deber de preservar a nuestra patria, ella manifestó
su desacuerdo con la masacre y obligó a dialogar; todos comprendimos que
los días del eterno partido en el poder, quien detenta para su beneficio el
producto del trabajo de todos los mexicanos, no puede continuar más; que
el presidencialismo que lo sustenta impide la libertad y no debe ser
permitido, que la cultura del fraude es el método con el que se imponen e
impiden la democracia, que la justicia sólo existe para los corruptos
poderosos, que debemos hacer que quien mande lo haga obedeciendo, que
no hay otro camino.
Eso todos los mexicanos honestos y de buena fe, la Sociedad Civil, lo han
comprendido, sólo se oponen aquellos que han basado su éxito en el robo
al erario público, los que protegen, prostituyendo a la justicia, a los
traficantes y asesinos, a los que recurren al asesinato político y al fraude
electoral para imponerse.
Sólo esos fósiles políticos planean de nuevo dar marcha atrás a la historia
de México y borrar de la conciencia nacional el grito que hizo suyo todo el
país desde el primero de enero del 94: ¡YA BASTA!
Pero no lo permitiremos. Hoy no llamamos a los fallidos poderes de la Unión
que no supieron cumplir con su deber constitucional, permitiendo que el
Ejecutivo Federal los controlara. Si esta legislatura y los magistrados no
tuvieron dignidad. otras vendrán que si entiendan que deben servir a su
pueblo y no a un individuo, nuestro llamado trasciende mas allá de un
sexenio o una elección presidencial en puerta. Es en la sociedad civil, en
quien reside nuestra soberanía, es el pueblo quien puede, en todo tiempo,
alterar o modificar nuestra forma de gobierno y lo ha asumido ya. Es a él a
quien hacemos un llamado en esta SEGUNDA DECLARACIÓN DE LA
SELVA LACANDONA para decirle:
PRIMERO. Hemos cumplido sin falta el llevar las acciones bélicas dentro de
los convenios sobre la guerra establecidos a nivel mundial: ello nos ha
permitido el reconocimiento tácito de nacionales y extranjeros como fuerza
beligerante. Seguiremos cumpliendo con dichos convenios.
SEGUNDO. Ordenamos a nuestras fuerzas regulares e irregulares en todo
el territorio nacional y en el extranjero la PRÓRROGA UNILATERAL DEL
CESE AL FUEGO OFENSIVO. Mantendremos el respeto al cese al fuego
para permitir a la sociedad civil que se organice en las formas que considere
pertinentes para lograr el tránsito a la democracia en nuestro país.
TERCERO. Condenamos la amenaza que sobre la Sociedad Civil se cierne
al militarizar el país, con personal y modernos equipos represivos, en
vísperas de la jornada para elecciones federales. No hay duda de que el
gobierno salinista pretende imponerse por la cultura del fraude. No lo
permitiremos.
CUARTO. Proponemos a todos los partidos políticos independientes el que
reconozcan ahora el estado de intimidación y de privación de los derechos
políticos que ha sufrido nuestro pueblo los últimos 65 años y que se
pronuncien por asumir un gobierno de transición política hacia la
democracia.
QUINTO. Rechazamos la manipulación y el tratar de desligar nuestras
justas demandas de las del pueblo mexicano. Somos mexicanos y no
depondremos ni nuestras demandas ni nuestras armas si no son resueltas
la Democracia, la Libertad y la Justicia para todos.
SEXTO. Reiteramos nuestra disposición a una solución política en el
tránsito a la democracia en México. Llamamos a la Sociedad Civil a que
retome el papel protagónico que tuvo para detener la fase militar de la
guerra y se organice para conducir el esfuerzo pacífico hacia la democracia,
la libertad y la justicia. El cambio democrático es la única alternativa de la
guerra.
SÉPTIMO. Llamamos a los elementos honestos de la sociedad civil a un
Diálogo Nacional por la Democracia, la Libertad y la Justicia para todos los
mexicanos.
Por eso decimos:
II
HERMANOS:
Después de iniciada la guerra, en enero de 1994, el grito organizado del
pueblo mexicano detuvo el enfrentamiento y se llamó al diálogo entre las
partes contendientes. A las justas demandas del EZLN, el gobierno federal
respondió con una serie de ofrecimientos que no tocaban el punto esencial
del problema: la falta de justicia, de libertad y de democracia en las tierras
mexicanas.
El límite del cumplimiento de los ofrecimientos del gobierno federal a las
demandas del EZLN es el que se marca asimismo el sistema político del
partido en el poder. Este sistema es el que ha hecho posible que en el
campo mexicano subsista y se sobreponga al poder constitucional otro
poder cuyas raíces posibilitan el mantenimiento del partido en el poder. Es
este sistema de complicidad el que hace posible la existencia y beligerancia
de cacicazgos, el poder omnipotente de los ganaderos y comerciantes y la
penetración del narcotráfico... El solo ofrecimiento de los llamados
Compromisos para una Paz Digna en Chiapas provocó gran revuelo y un
abierto desafío de estos sectores. El sistema político unipartidista trata de

maniobrar en este reducido horizonte que su existencia como tal le impone:
no puede dejar de tocar a estos sectores sin atentar contra sí mismo, y no
puede dejar las cosas como antes sin que aumente la beligerancia de los
campesinos e indígenas. En suma: el cumplimiento de los compromisos
implica, necesariamente, la muerte del sistema de partido de Estado. Por
suicidio o por fusilamiento, la muerte del actual sistema político mexicano es
condición necesaria, aunque no suficiente, del tránsito a la democracia en
nuestro país. Chiapas no tendrá solución real si no se soluciona México.
El EZLN ha entendido que el problema de la pobreza mexicana no es sólo
la falta de recursos. Más allá, su aportación fundamental es entender y
plantear que cualquier esfuerzo, en algún sentido o en todos, sólo
pospondrá el problema si estos esfuerzos no se dan dentro de un nuevo
marco de relaciones políticas nacionales, regionales y locales: un marco de
democracia, libertad y justicia. El problema del poder no será quién es el
titular, sino quién lo ejerce. Si el poder lo ejerce la mayoría, los partidos
políticos se verán obligados a confrontarse a esa mayoría y no entre sí.
Replantear el problema del poder en este marco de democracia, libertad y
justicia obligará a una nueva cultura política dentro de los partidos. Una
nueva clase de políticos deberá nacer y, a no dudarlo, nacerán partidos
políticos de nuevo tipo.

No estamos proponiendo un mundo nuevo, apenas algo muy anterior: la
antesala del nuevo México. En este sentido, esta revolución no concluirá en
una nueva clase, fracción de clase o grupo en el poder, sino en un "espacio"
libre y democrático de lucha política. Este "espacio" libre y democrático
nacerá sobre el cadáver maloliente del sistema de partido de Estado y del
presidencialismo. Nacerá una relación política nueva. Una nueva política
cuya base no sea una confrontación entre organizaciones políticas entre sí,
sino la confrontación de sus propuestas políticas con las distintas clases
sociales, pues del apoyo real de éstas dependerá la titularidad del poder
político, no su ejercicio. Dentro de esta nueva relación política, las distintas
propuestas de sistema y rumbo (socialismo, capitalismo, socialdemocracia,
liberalismo, democracia cristiana, etcétera) deberán convencer a la mayoría
de la Nación de que su propuesta es la mejor para el país. Pero no sólo eso,
también se verán "vigilados" por ese país al que conducen de modo que
estén obligados a rendir cuentas regulares y al dictamen de la Nación
respecto a su permanencia en la titularidad del poder o su remoción. El
plebiscito es una forma regulada de confrontación Poder-partido político-
Nación y merece un lugar relevante en la máxima ley del país.
La actual legislación mexicana es demasiado estrecha para estas nuevas
relaciones políticas entre gobernantes y gobernados. Es necesaria una
Convención Nacional Democrática de la que emane un Gobierno
Provisional o de Transición, sea mediante la renuncia del Ejecutivo federal o
mediante la vía electoral.
Convención Nacional Democrática y Gobierno de Transición deben
desembocar en una nueva Carta Magna en cuyo marco se convoque a
nuevas elecciones. El dolor que este proceso significará para el país será
siempre menor al daño que produzca una guerra civil. La profecía del
sureste vale para todo el país, podemos aprender ya de lo ocurrido y hacer
menos doloroso el parto del nuevo México.
El EZLN tiene una concepción de sistema y de rumbo para el país. La
madurez política del EZLN, su mayoría de edad como representante del
sentir de una parte de la Nación, está en que no quiere imponerle al país
esta concepción. El EZLN reclama lo que para sí mismo es evidente: la
mayoría de edad de México y el derecho de decidir, libre y
democráticamente, el rumbo que habrá de seguir. De esta antesala histórica
saldrá no sólo un México más justo y mejor, también saldrá un mexicano
nuevo. A esto apostamos la vida, a heredar a los mexicanos de pasado
mañana un país en el que no sea una vergüenza vivir...
El EZLN, en un ejercicio democrático sin precedentes dentro de una
organización armada, consultó a sus componentes sobre la firma o no de la
propuesta de acuerdos de paz del gobierno federal. Viendo que el tema
central de democracia, libertad y justicia para todos no había sido resuelto,
las bases del EZLN, indígenas en su mayoría, decidieron rechazar la firma
de la propuesta gubernamental.
En condiciones de cerco y presionados por distintos lugares que
amenazaban con el exterminio si no se firmaba la paz, los zapatistas
reafirmamos nuestra decisión de conseguir una paz con justicia y dignidad y
en ello empeñar la vida y la muerte. En nosotros encuentra, otra vez, lugar
la historia de lucha digna de nuestros antepasados. El grito de dignidad del
insurgente Vicente Guerrero, "Vivir por la Patria o Morir por la Libertad",
vuelve a sonar en nuestras gargantas. No podemos aceptar una paz
indigna.
Nuestro camino de fuego se abrió ante la imposibilidad de luchar
pacíficamente por derechos elementales del ser humano. El más valioso de
ellos es el derecho a decidir, con libertad y democracia, la forma de
gobierno. Ahora la posibilidad de tránsito pacífico a la democracia y a la

libertad se enfrenta a una nueva prueba: el proceso electoral de agosto de
1994. Hay quienes apuestan al periodo postelectoral predicando la apatía y
el desengaño desde la inmovilidad. Pretenden usufructuar la sangre de los
caídos en todos los frentes de combate, violentos y pacíficos, en la ciudad y
en el campo. Fundan su proyecto político en el conflicto posterior a las
elecciones y esperan, sin nada hacer, a que la desmovilización política abra
otra vez la gigantesca puerta de la guerra. Ellos salvarán, dicen, al país.
Otros apuestan desde ahora a que el conflicto armado se reinicie antes de
las elecciones y la ingobernabilidad sea aprovechada por ellos para
perpetuarse en el poder. Como ayer hicieron usurpando la voluntad popular
con el fraude electoral, hoy y mañana, con el río revuelto de una guerra civil
preelectoral, pretenden alargar la agonía de una dictadura que,
enmascarada en el partido de Estado, dura ya décadas. Algunos más,
apocalípticos estériles, razonan ya que la guerra es inevitable y se sientan a
esperar para ver pasar el cadáver de su enemigo... o de su amigo. El
sectario supone, erróneamente, que el solo accionar de los fusiles podrá
abrir el amanecer que nuestro pueblo espera desde que la noche se cerró,
con las muertes de Villa y Zapata, sobre el suelo mexicano.
Todos estos ladrones de la esperanza suponen que detrás de nuestras
armas hay ambición y protagonismo, que esto conducirá nuestro andar en el
futuro. Se equivocan. Detrás de nuestras armas de fuego hay otras armas,
las de la razón. Y a ambas las anima la esperanza. No dejaremos que nos
la roben.
La esperanza con gatillo tuvo su lugar en el inicio del año. Es ahora preciso
que espere. Es preciso que la esperanza que anda en las grandes
movilizaciones vuelva al lugar protagónico que le corresponde por derecho y
razón. La bandera está ahora en manos de los que tienen nombre y rostro,
de gentes buenas y honestas que caminan rutas que no son la nuestra,
pero cuya meta es la misma que anhelan nuestros pasos. Nuestro saludo y
nuestra esperanza de que lleven esa bandera adonde debe de estar.
Nosotros estaremos esperando, de pie y con dignidad. Si esa bandera cae,
nosotros sabremos levantarla de nuevo...
Que la esperanza se organice, que camine ahora en los valles y ciudades
como ayer en las montañas. Peleen con sus armas, no se preocupen de
nosotros. Sabremos resistir hasta lo último. Sabremos esperar... y sabremos
volver si se cierran de nuevo todas las puertas para que la dignidad camine.
Por esto nos dirigimos a nuestros hermanos de las organizaciones no
gubernamentales, de las organizaciones campesinas e indígenas,
trabajadores del campo y de la ciudad, maestros y estudiantes, amas de
casa y colonos, artistas e intelectuales, de los partidos independientes,
mexicanos:
Los llamamos a un diálogo nacional con el tema de Democracia, Libertad y
Justicia. Para esto lanzamos la presente:
Convocatoria para la Convención Nacional Democrática
Nosotros, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en lucha por lograr la
democracia, la libertad y la justicia que nuestra patria merece, y
considerando:
PRIMERO. Que el supremo gobierno ha usurpado también la legalidad que
nos heredaron los héroes de la Revolución Mexicana.
SEGUNDO. Que la Carta Magna que nos rige no es ya más la voluntad
popular de los mexicanos.
TERCERO. Que la salida del usurpador del Ejecutivo federal no basta y es
necesaria una nueva ley para nuestra patria nueva, la que habrá de nacer
de las luchas de todos los mexicanos honestos.
CUARTO. Que son necesarias todas las formas de lucha para lograr el
tránsito a la democracia en México.
Llamamos a la realización de una Convención Democrática, nacional,
soberana y revolucionaria, de la que resulten las propuestas de un gobierno
de transición y una nueva ley nacional, una nueva Constitución que
garantice el cumplimiento legal de la voluntad popular.
El objetivo fundamental de la Convención Nacional Democrática es
organizar la expresión civil y la defensa de la voluntad popular.
La soberana convención revolucionaria será nacional en tanto su
composición y representación deberá incluir a todos los estados de la
Federación, plural en el sentido en que las fuerzas patriotas podrán estar
representadas, y democrática en la toma de decisiones, recurriendo a la
consulta nacional.
La convención estará presidida, libre y voluntariamente, por civiles,
personalidades públicas de reconocido prestigio, sin importar su filiación
política, raza, credo religioso, sexo o edad.
La convención se formará a través de comités locales, regionales y
estatales en ejidos, colonias, escuelas y fábricas por civiles. Estos comités
de la convención se encargarán de recabar las propuestas populares para
la nueva ley constitucional y las demandas a cumplir por el nuevo gobierno
que emane de ésta.

La convención debe exigir la realización de elecciones libres y democráticas
y luchar, sin descanso, por el respeto a la voluntad popular.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional reconocerá a la Convención
Democrática Nacional como representante auténtico de los intereses del
pueblo de México en su tránsito a la democracia.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional se encuentra ya en todo el
territorio nacional y está ya en posibilidad de ofrecerse al pueblo de México
como Ejército garante del cumplimiento de la voluntad popular.
Para la primera reunión de la Convención Nacional Democrática, el EZLN
ofrece como sede un poblado zapatista y todos los recursos con que
cuenta.
La fecha y lugar de la primera sesión de la Convención Nacional
Democrática será dada a conocer en su oportunidad.
III
HERMANOS MEXICANOS:
Nuestra lucha continúa. Sigue ondeando la bandera zapatista en las
montañas del Sureste mexicano y hoy decimos: ¡NO NOS RENDIREMOS!
De cara a la montaña hablamos con nuestros muertos para que en su
palabra viniera el buen camino por el que debe andar nuestro rostro
amordazado.
Sonaron los tambores y en la voz de la tierra habló nuestro dolor y nuestra
historia habló nuestro dolor y nuestra historia habló.
"Para todos todo" dicen nuestros muertos. Mientras no sea así, no habrá
nada para nosotros.
Hablen la palabra de los otros mexicanos, encuentren del corazón el oído
de aquellos por los que luchamos. Invítenlos a caminar los pasos dignos de
los que no tienen rostro. Llamen a todos a resistir que nadie reciba nada de
los que mandan mandando. Hagan del no venderse una bandera común
para los más. Pidan que no sólo llegue palabra de aliento para nuestro
dolor. Pidan que lo compartan, pidan que con ustedes resistan, que
rechacen todas las limosnas que del poderoso vienen. Que las gentes
buenas todas de estas tierras organicen hoy la dignidad que resiste y no se
vende, que mañana esa dignidad se organice para exigir que la palabra que
anda en el corazón de los mayoritarios tenga verdad y saludo de los que
gobiernan, que se imponga el buen camino de que el que mande, mande
obedeciendo.
¡No se rindan! ¡Resistan! No falten al honor de la palabra verdadera. Con
dignidad resistan en las tierras de los hombres y mujeres verdaderos, que
las montañas cobijen el dolor de los hombres de maíz. ¡No se rindan!
¡Resistan! ¡No se vendan! ¡Resistan!
Así hablo su palabra del corazón de nuestros muertos de siempre. Vimos
nosotros que es buena su palabra de nuestros muertos, vimos que hay
verdad y dignidad en su consejo. Por eso llamamos a todos nuestros
hermanos indígenas mexicanos a que resistan con nosotros. Llamamos a
los campesinos todos a que resistan con nosotros, a los obreros, a los
empleados, a los colonos, a las amas de casa, a los estudiantes, a los
maestros, a los que hacen del pensamiento y la palabra su vida. A todos los
que dignidad y vergüenza tengan, a todos llamamos a que con nosotros
resistan, pues quiere el mal gobierno que no haya democracia en nuestros
suelos. Nada aceptaremos que venga del corazón podrido del mal gobierno,
ni una moneda sola ni un medicamento ni una piedra ni un grano de
alimento ni una migaja de las limosnas que ofrece a cambio de nuestro
digno caminar.
No recibiremos nada del supremo gobierno. Aunque aumenten nuestro
dolor y nuestra pena; aunque la muerte siga con nosotros en mesa, tierra y
lecho; aunque veamos que otros se venden a la mano que los oprime;
aunque todo duela; aunque la pena llore hasta en las piedras. No
aceptaremos nada. Resistiremos. No recibiremos nada del gobierno.
Resistiremos hasta que el que mande, mande obedeciendo.
Hermanos: No se vendan. Resistan con nosotros. No se rindan. Resistan
con nosotros. Repitan con nosotros, hermanos, la palabra de "¡No nos
rendimos! ¡Resistimos!" Que se escuche no sólo en las montañas del
Sureste mexicano, que se escuche en el norte y en las penínsulas, que en
ambas costas se escuche, que en el centro se oiga, que en valles y
montañas se vuelva grito, que resuene en la ciudad y en el campo. Unan su
voz hermanos, griten con nosotros, hagan suya nuestra voz:
¡NO NOS RENDIMOS! ¡RESISTIMOS!
Que la dignidad rompa el cerco con el que las manos sucias del mal
gobierno nos asfixian. Todos estamos cercados, no dejan que la
democracia, la libertad y la justicia entren a tierras mexicanas. Hermanos:
todos estamos cercados: ¡NO NOS RINDAMOS! ¡RESISTAMOS!
¡SEAMOS DIGNOS! ¡NO NOS VENDAMOS¡
¿De qué le servirán al poderoso sus riquezas si no puede comprar lo más
valioso en estas tierras? ¿Si la dignidad de los mexicanos todos no tiene
precio, para qué el poder del poderoso?
¡LA DIGNIDAD NO SE RINDE! ¡LA DIGNIDAD RESISTE!

¡DEMOCRACIA! ¡LIBERTAD! ¡JUSTICIA!
Desde las montañas del Sureste mexicano.
Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL
México. Junio de 1994.

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