domingo, 12 de agosto de 2012
#15M eNSAYO CUERPOMAQUINA
El 15M como insurrección del cuerpomáquina
Raúl Sánchez Cedillo
Cuando escribimos el presente texto, han pasado más de seis meses desde la irrupción del 15 de
mayo de 2011. Desde entonces, el 15M ha vivido lo suficiente para que quepa advertir sus efectos
en el sistema político y ha desplegado lo bastante sus capacidades para que podamos reconsiderar
las hipótesis que al respecto podíamos elaborar hace unos meses, a saber: ¿es un movimiento capaz
de refundar la democracia y de qué modo? Dicho de otra manera: ¿hasta qué punto y bajo qué
condiciones es o puede devenir un movimiento constituyente, un poder constituyente (y por ende, es
portador de novedad e invención radicales)? O dicho aún de otra manera: ¿hasta qué punto es
portador de un proyecto nuevo de revolución (como forma del poder constituyente) y cuáles son las
características determinantes de su tempo y proceso revolucionarios? Asimismo, una última e
importante cuestión: ¿es una excepción sin modelo, o bien cabe pensar, mutatis mutandis, en una
reproducibilidadtraducibilidad en otros contextos continentales y globales?
Por otra parte, a las primaveras árabes de 2011 y a la ocupación de la Plaza Síntagma de Atenas han
sucedido en otras ciudades del mundo irrupciones muy similares –fundamentalmente, la iniciada
por "Occupy Wall Street" en los USA desde el 17 de septiembre de 2011– que a estas alturas nos
permiten hablar de variantes o, más bien, de una variación continua de un prototipo global. Ahora
bien, ¿un prototipo de qué?
Podemos afirmar que el 15M, como las primaveras árabes, es un movimiento de revolución
democrática, radicalmente (inventor) de democracia y de democratización radical. Pero ante todo el
15M es un proceso de politización masiva de multitudes, de reapropiación de lo político por parte
de cientos de miles de personas y, hasta cierto punto, de millones. No es un movimiento de opinión
pública, ni de derechos civiles. Incluye estas dimensiones en lo que llamamos un proceso de
movimientosistemared.
Si hace unos meses podíamos atrevernos a plantear la hipótesis de que el 15M expresaba, in nuce,
un prototipo de poder constituyente, hoy creemos que esa hipótesis encuentra aún más asideros en
la fenomenología del movimiento. Téngase en cuenta que hablamos de poder constituyente, esto es,
no de «movimiento social», de «sociedad civil», «opinión pública», «acción colectiva», etc. Sino de
una multitud que se organiza y se conduce para la fundación de un orden político nuevo que
invalida y destituye el vigente. En este sentido, podemos sostener que el 15M es un prototipo de un
poder constituyente adecuado a la multitud contemporánea. Se trata, sin duda de un work in
progress, de una invención radical, de un proceso abierto y discontinuo y en gran medida solo
incipiente.
¿Por qué decimos «adecuado a la multitud contemporánea»? Pensamos, en efecto, que con el
surgimiento del 15M se han puesto en práctica problematizaciones y líneas de fuga radicales
respecto a buena parte de las aporías que acechan a la autoconstitución de una multitud capaz de
autogobernarse. Nos referimos a las relaciones entre unidad y diferencia política; al problema de la
decisión (¿quién, cómo, cuándo?); a la construcción del consenso entre una multiplicidad cualquiera
de singularidades; a las relaciones entre alteridad e identidad, tanto en lo que atañe a la definición
del amigo y el enemigo políticos como a las funciones de control que la identidad juega en el
proceso; al problema de la fuerza y la legalidad y al problema de la ruptura política de la obediencia
constitucional.
Desde la revolución tunecina contra BenAli hasta el más reciente movimiento Occupy en Estados
Unidos, la noción de una nueva modalidad de revuelta o de revolución de tipo distribuido, emergente, sin cabeza o jefatura identificables (donde el referente técnico es la arquitectura de red
peer to peer), basada en el uso de las redes sociales en Internet y en general de las tecnologías de la
información y la comunicación en red, se ha tornado en un tema de actualidad en los grandes
medios y en el debate tanto académico como político. Sin embargo, tanto a favor como en contra,
tanto desde la supuesta objetividad académica como desde la subjetividad del compromiso político,
la discusión y el análisis sobre las llamadas «revoluciones 2.0» solo ha hecho énfasis en uno u otro
aspecto de las mismas.
En primer lugar, y desde la simpatía, se ha glosado mucho sobre la acción colectiva emergente,
rizomática, horizontal, distribuida, etc. Es decir, se ha escrito sobre la estructura del movimiento y
su novedad radical respecto a las estructuras dominantes de la acción colectiva. Por otro lado, y con
frecuencia desde las miradas adversarias, se ha escrutado el mensaje, el programa, la alternativa
enunciada por tales movimientos, al objeto de descubrir su insuficiencia o su incompatibilidad
respecto a las mediaciones políticas sensatas, aceptables o, desde posiciones «revolucionarias», de
poner de manifiesto su carencia de un «cuerpo fuerte» y de la «dureza» necesaria para operar un
cambio social radical
1
.
Menos habituales han sido hasta ahora los enfoques que tratan de comprender estos procesos
emergentes con arreglo a una modelización fuerte, capaz de dar cuenta exhaustiva de la
fenomenología de tales movimientos desde un punto de vista estructural, genealógico e histórico.
Como suele ocurrir, encontramos los esbozos más interesantes de esa comprensión entre analistas
hostiles que se apasionan por su objeto. Es el caso, siempre inquietante, de David Ronfeldt, viejo
analista y estratega de la contrainsurgencia para la RAND Corporation, que ha comenzado a
analizar el movimiento Occupy en Estados Unidos conforme a su esquema de análisis de las
relaciones entre formas tribales, instituciones jerárquicas, mercados y redes (TIMN), así como
desde el punto de vista de las relaciones prácticas de los movimientos respecto a los factores
conjugados espaciotiempoacción (STA)
2
.
Volviendo al 15M, se trata de describir aquello que, out of the blue, ha prendido, sin que con plena
seguridad podamos decir que «sigue ahí», atendiendo a lo que a nuestro modo de ver resulta
decisivo, a saber, la «puesta en existencia», el ritornelo3
constituyente del 15M. Si exploramos la
fenomenología del movimiento encontramos la recurrencia de todos los elementos que se vienen
enumerando en las descripciones de las «revoluciones 2.0», pero al mismo tiempo no podemos
dejar de advertir la resistencia que esa misma fenomenología ejerce contra las distintas
modelizaciones y «explicaciones». Cabe sospechar que, entre otros motivos, lo hace porque sigue
siendo un proceso abierto, vivo.
Sin embargo, no cabe oponerse a las explicaciones parciales en nombre de una totalidad abierta sin
considerar justamente cada uno de los elementos que se han aglomerado en esa totalidad o sistema,
así como las características más relevantes de su formación. Al objeto de poner de manifiesto el
exceso, la contingencia, el plusvalor de acontecimiento de su puesta en existencia.
1 Citamos las palabras del crítico “por la izquierda” más célebre, Slavoj Žižek, en “Shoplifters of the World Unite”,
London Review of Books, 19 de agosto de 2011, http://www.lrb.co.uk/2011/08/19/slavojzizek/shopliftersofthe
worldunite.
2 Véase http://twotheories.blogspot.com/
3 Entendemos aquí, con Guattari y Deleuze, el término musical de ritornelo como aquellas funciones no discursivas
(«expresividad de ritmo») de cualesquiera materias de expresión, encaminadas a la creación (poiesis) de territorios
existenciales finitos, siempre en proceso de abandonar o abrirse a otros territorios en un devenir. En esa medida, los
ritornelos son la matriz del arte, que trabaja con ritornelos desterritorializados para abrirse a territorios no humanos.
Véase Gilles Deleuze y Félix Guattari, «Del ritornelo», Mil mesetas, Pretextos, Valencia, 1988, y Félix Guattari,
«Ritournelles et affects existentiels», http://www.revuechimeres.fr/drupal_chimeres/files/07chi03.pdfSi partimos de la hipótesis de que el 15M es una modalidad événementielle –esto es, surgida de un
acontecimiento improbable e impredecible– de sistemared capaz de autoorganización,
consideremos brevemente por separado sus aspectos fundamentales.
Proceso emergente, sin «sujeto», policéntrico, autopoiético
Atendamos brevemente al modo de surgimiento del 15M. Cabe rastrear genealogías de la
movilización de red que en el caso español remiten sin duda a los enjambres del 13 de marzo de
2004. Un acontecimiento que ya ha ingresado en la historia paranoica del régimen constitucional
español (casi como algo forclos, inconcebible, inimaginable, intolerable), pero que asimismo forma
parte de la gramática de la movilización en red en el reino de España.
Pero el 13M fue una flashmob, una multitud singularísima y evanescente. En cambio, con el 15M
estamos ante una dinámica emergente que da origen a un proceso de autoalimentación y
autoconstitución y a un movimiento que, por más que desbordante y regulado por umbrales antes
que por límites, no ha dejado de ser reconocible, innegable, absolutamente presente. El movimiento
del 15M no es un (gran) movimiento más. Es el más importante de los últimos treinta años en el
reino de España. Pero además presenta una fisionomía que hace de él un movimiento radicalmente
nuevo.
Ni que decir tiene que el desarrollo de las redes sociales ha abonado el terreno para este tipo de
movilizaciones. Y, por supuesto, la primavera árabe produjo ese contagio en las «neuronas espejo»
de muchas minorías en el reino de España.
Ahora bien, ¿cómo ha «funcionado» el 15M? ¿Cuál ha sido el «método»?
El 15M presenta en su origen las características de un proceso emergente, es decir, la sorpresa, la
imprevisibilidad, la novedad y la nueva ordenación de lo preexistente, con el surgimiento de
estructuras, comportamientos propiedades y pautas nuevas en un sistema complejo. Con Félix
Guattari diremos que responde a una heterogénesis, esto es, se trata de una dislocación de lo posible
que hace que una multiplicidad de elementos a priori incomposibles «prenda», de repente, en una
nueva composición que encuentra formas de autoordenación. El 15 de mayo hubo manifestaciones
en las principales ciudades españolas. Al término de una de ellas, una ínfima minoría de personas
decide quedarse a acampar en la Puerta del Sol: ahí tenemos una heterogénesis.
Estructura policéntrica, componentes del movimientosistemared y constitución de una
esfera pública postmedia
El 15M comenzó como un virus de afecto, cuyo vehículo lingüístico se resume en el lema de
aquella jornada: «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros». El contagio prende así,
de manera simétrica y contraria a como prende el pánico o la euforia en los mercados financieros, y
da lugar, cuando nadie lo esperaba, a manifestaciones masivas. Contagio y enjambre.
Así, pues, la red se presenta como la estructura fundamental, y la más profunda y rica de la
heterogénesis del 15M. No hablamos solo de Internet y de las redes sociales, sino de la forma red de
la cooperación y comunicación social general en la que, por así decirlo, el 15M se pone a funcionar.
Y lo hace en conexión con esta forma red fundamental, que responde al patrón de una fully
connected network, en la que todos los nodos están en condiciones de conectarse con todos los demás. O, como decíamos más arriba, responde a una arquitectura peer to peer, igualitaria,
horizontal y equipolente.
Lo interesante es que esta forma red subsume o se subordina las redes de tipo asimétrico, esto es, las
dominadas por centros de enunciación y emisión de consignas (partidos, sindicatos, ONGs,
organizaciones de extrema izquierda, media mainstream). Esto ha introducido una ruptura radical en
el régimen de producción mediática de la realidad. El sistemared 15M se ha tornado desde el
principio de su existencia en productor de cotas crecientes de realidad, puesto que, cuando es la red
el agente fundamental de enunciación –y no el responsable, el portavoz o la organización–, la
capacidad de controlar los comportamientos a partir de operaciones de enunciación sobre las
acciones previsibles de los sujetos entra en una zona de radical indeterminación y disputa.
Desde este punto de vista, las acampadas se presentan como una espacialización y al mismo tiempo
una pretensión de «representación» del 15M. Ponen en escena los cuerpos y sus palabras, y remiten
la palabra al cuerpo y a su resistencia. Ficcionan y fabulan una soberanía y una asamblea de los
muchos en la calle, en la desnudez potente de la multitud no autorizada. Replican el contagio en la
erótica indiscriminada del contacto, de la composición de cualesquiera y de la complicidad
anónima.
De las acampadas nacen las asambleas. Y éstas se ponen como estructuras de autogestión de la
politización de la vida y de difusión, extensión y concreción del movimiento en el territorio y en sus
problemas. Pero también, tendencialmente, como lugares de identidad, neutralizaciones del devenir.
De esta suerte, tenemos una estructura policéntrica sin centro principal, sin cuartel general. La
tradición política desconfía radicalmente de la capacidad estratégica de una estructura semejante.
Tanto la reaccionaria como la revolucionaria. Su unidad, parece, no puede ser más que efímera. Su
capacidad de decisión eficaz resulta prácticamente imposible. Su autoorganización solo podría
terminar con el tiempo en una entropía ininteligible. Lástima que una montaña de hechos demuestre
lo contrario.
Pero la vocación de este texto tampoco es la de una apología, ni siquiera soterrada.
Ahora bien, ¿cómo es posible que en una estructura semejante la cooperación eficaz sea un hecho,
al menos durante periodos sostenidos? No estamos aquí en un terreno ideal, arendtiano o
habermasiano, de la deliberación y la acción política en concierto. Tales enfoques solo explican una
parte, la más aparente y menos clara del 15M.
En lo que atañe a la capacidad de ataque, el 15M perfecciona las dinámicas del enjambre y de la
ciberguerra en manifestaciones y concentraciones inesperadas y no autorizadas; en el bloqueo y los
piquetes contra los desahucios o en las ocupaciones de inmuebles y en su defensa. Se sabe que solo
inutilizando la infraestructura física de la red cabe evitar los enjambres, es decir, el control eficaz
solo es posible bajo la forma de una dictadura de pura antiproducción (no es otra, por lo demás, la
axiomática de la «austeridad»). Pues en la red misma, en sus códigos, protocolos y signaléticas
reside el mecanismo de activación y modulación del enjambre.
El enjambre no es aquí una metáfora. No en vano se habla de cooperación distribuida de tipo
estigmérgico entre agentes espacial y temporalmente separados4
. Y la cooperación estigmérgica
4 «La estigmergia es un mecanismo de coordinación indirecta entre agentes o acciones. El principio es que la huella
que una acción deja en el medio ambiente estimula el desempeño de una acción ulterior por parte del mismo agente o de
otro diferente. De este modo, las acciones subsiguientes tienden a reforzarse y a construirse apoyándose una en otra, lo remite a las marcas y las señales de todo tipo que permiten que individuos con facultad deliberativa
no tengan que deliberar, es decir, dilatar en el tiempo y la incertidumbre su decisión y su activación
cooperativa. Sino que pueden comportarse como agentes inteligentes no deliberativos que
responden a las señales relevantes, activándose a la par que replicándola. Esta dimensión
estigmérgica explica la viabilidad de la contramovilización total de varios meses desde el 15 de
mayo. Pero tan importante como la dimensión antagonista que designa el prefijo «contra», lo es su
dimensión de automovilización. Ahora bien, ¿qué o quién es aquello que se moviliza a sí mismo?
El 15M como sistemared autopoiético abierto
Las principales estructuras y situaciones que ha presentado el 15M contienen incontables elementos
y singularidades, es decir, no estamos, sin más, ante distintos tipos de comunicación y cooperación
entre individuos. Desde el punto de vista espacial, la Puerta del Sol, por ejemplo, no es solo una
amplia plaza del Madrid histórico, sino también un lugar que contiene una historia menor, en la
frontera de lo oficial, de revuelta e insurrección. La carga de los mamelucos de Goya se sitúa en la
Puerta del Sol, y las imágenes de la manifestación de la tarde del 14 de abril de 1931, en la que se
celebra la proclamación de la II República española, han servido de ilustración de muchos manuales
escolares y documentos didácticos. En otro ámbito, la fuerza mitopoiética de las intervenciones de
Anonymous moviliza universos de valor preñados de afectos transversalistas, cuya capacidad de
contagio no encaja en la cuadrícula de análisis de los valores o las creencias del individuo que
participa en la acción colectiva (en una protesta a través de Twitter, por ejemplo).
En este sentido, cabe afirmar que la cooperación estigmérgica en red y la aparición de universos de
valor (ético, estético) y afecto han proporcionado el suplemento que permitió dar consistencia (y
transistencia, esto es, capacidad de contagio, traducción, recombinación, hibridación) a la
aglomeración a priori incomposible de elementos, singularidades y estructuras del 15M. Lo que de
esta manera se determina es un proceso autopoiético, esto es, una autoproducción de sí de una
sistemared abierto. Lo propio de una autopoiesis, más allá de toda aproximación metafórica, es
tanto la capacidad endógena de producción de nuevas estructuras y relaciones, como una
reproducción de un conjunto de singularidades en su singularidad o, dicho de otra manera, una
capacidad de metamorfosis que no destruye la unidad de su conjunto. Aunque tan solo aceptáramos
su existencia durante unas semanas, o acaso unos días, podemos sostener que el 15M es la puesta en
existencia de ese proceso autopoiético.
Ahora bien, ¿cómo explicar la fuerza de una autopercepción, el reconocimiento de sí entre
singularidades anónimas y a priori individualizadas y separadas por una red de representaciones de
pánico e inmunidad, esto es, el escenario dominante de la «crisis» y la «austeridad» en Europa?
Sabemos que ha habido un afecto dominante, la indignación, ese odio, que une a los individuos en
una pasión civil. Todas las luchas sociales parten de una figura del odio. La determinación de un
cuerpo indignado transindividual produce una mayor potencia, una alegría común, y por lo tanto
que conduce al surgimiento espontáneo de una actividad aparentemente sistemática.
La estigmergia es una forma de autoorganización. Produce estructuras complejas y aparentemente inteligentes
sin necesidad de planificación, control o incluso comunicación directa entre los agentes. En cuanto tal, respalda la
colaboración eficaz entre agentes sumamente sencillos, que carecen de toda memoria, inteligencia o incluso conciencia
individual de los demás». De la definición de «Stigmergy» en: http://en.wikipedia.org/wiki/Stigmergy. Véase también
Kevin Carson, «The Stigmergic Revolution», http://c4ss.org/content/8914 y, sobre todo, el blog de Mark Elliott,
http://stigmergiccollaboration.blogspot.com/ una esperanza que hace perder el miedo5
. Digamos que tenemos en ello una causa eficiente de la
unidad del sistema autopoiético del 15M, pero no una explicación convincente de su espesor e
intensidad, ni de su extraordinaria resistencia a la normalización, la banalización y neutralización
políticas. En cierto modo, podemos decir que el 15M ha ido contra el sentido común de lo político
porque ha redescubierto o reinventado un común político de los sentidos.
A contrapelo del grado cero del significado que el problema de la conciencia tiene en el discurso
político (también en lo que atañe a la «conciencia de clase»), el 15M ha renovado el interés y el
valor del problema, precisamente en la medida en que ha multiplicado sus dimensiones y, sobre
todo, porque las ha desindividualizado radicalmente. Nuestra idea de sistemared permite anteponer
esa conciencia intensiva y transindividual del sistema autopoiético en su proceso de autoproducción
a toda asimilación a las nociones pantanosas de la conciencia ideológica o de la conciencia moral.
Para desplazar radicalmente el problema de la conciencia de tales tópicos podemos servirnos,
mediante una extrapolación que consideramos no abusiva, de la teoría experimental de la conciencia
de Antonio Damasio como el «sentimiento de lo que acontece» por parte de un organismo
metaestable (en este caso un organismo colectivo híbrido y compuesto).
De esta suerte, un proceso de puesta en existencia, una aglomeración existencial de elementos
heterogéneos accede a una unidad, a la propiedad de un sistemared abierto en constante
experiencia de afectar y ser afectado por su afuera, por el campo social, y en esa medida construye
lo que con Damasio podríamos llamar un protoself (hecho de señales y emociones que remiten a un
cuerpo común emergente). Para ello podemos pensar que ha sido preciso que, más allá del nombre
genérico, la indignación y sus gamas cromáticas, expresadas en miles de enunciados e imágenes en
la red, hayan podido operar como lo que Guattari denomina un afecto problemático, es decir, una
tensión afectiva y cognitiva que, por así decirlo, pone en suspenso, tornándolo susceptible de
cambio y mutación enriquecedora, el régimen normal de las funciones de trabajovida sometidas a
la movilización total
6
.
Retomando las expresiones de Damasio, a partir de una protosubjetividad transindividual del afecto
de indignación tendríamos una «core consciousness» (que corresponde a un «core self»)
7
, resultado
de la emergencia de un mapa neuronal de las afecciones del sistema emergente 15M en sus
encuentros e interacciones con otros cuerpos y objetos, un mapa de segundo orden que activa la
inteligencia colectiva en una dinámica de apropiacióntransformación del campo social (que
correspondería, en términos de Damasio, a una «extended consciousness», que permite «considerar
la mente del otro; la capacidad de sufrir con dolor en contraposición a sufrir dolor sin más y
reaccionar ante el mismo; la capacidad de sentir la posibilidad de la muerte en sí mismo y en el
otro; la capacidad de valorar la vida; la capacidad de construir un sentido de lo bueno y de lo malo
distintos del placer y el dolor; la capacidad de tomar en consideración los intereses del otro y del
colectivo [...]»)
8
.
5 «Indignatio est odium erga aliquem qui alteri malefecit», Spinoza, Ethica, parte 3, definición 20 de los afectos. «La
indignación es el odio hacia alguien que ha hecho mal a otro».
6 Véase Félix Guattari, «Ritournelles et affects existentiels», cit., http://www.revue
chimeres.fr/drupal_chimeres/files/07chi03.pdf
7 «La conciencia básica se produce cuando los dispositivos de representación del cerebro generan una versión en
imágenes, no verbal, de cómo el estado propio del organismo se ve afectado por el procesamiento de un objeto por
parte del organismo, y cuando este proceso resalta la imagen del objeto causal, colocándolo así de forma destacada
en un contexto espacial y temporal». Antonio Damasio, The Feeling of What Happens, SanDiego/Nueva York,
Harvest, 1999, p. 169.
8 «El encadenamiento de precedencias es sumamente curioso: la señalización neuronal no consciente de un organismo
individual engendra el proto sí mismo, que permite el sí mismo básico y la conciencia básica, que a su vez hacen Una ruptura de las rutinas de la esclavitud maquínica
En este sentido decimos que la clave del 15M es una insurrección del cuerpomáquina contra la
destrucción de las condiciones biopolíticas de la democracia que suponen las políticas de
austeridad. Cuando se habla de cuerpomáquina no estamos, de nuevo, ante una aproximación
metafórica.
La función trabajovida de la cooperación social en red se basa en sistemas de interfaces entre
cuerpos y máquinas y en la expresión de las dimensiones maquínicas de lo humano. Christian
Marazzi ha explorado hasta qué punto la separación entre capital fijo y capital variable se torna
borrosa y aporética en el capitalismo cognitivo, en la precisa medida en que el capital fijo inmaterial
memorizado en los cerebros se presenta como medio de producción, como «sedimentación de
saberes codificados, conocimientos adquiridos históricamente, experiencias, en definitiva, trabajo
pasado»9
. Esta interiorización o incorporación del capital fijo en los cerebros de los individuos,
inseparable de su puesta en red a través de sistemas de máquinas, es el presupuesto de la actividad
de valorización (de explotación) de la cooperación social o función vidatrabajo, y en esa misma
medida (esto es, en la medida en que es medio de producción y, por ende, su reproducción forma
parte del proceso global de producción) configura lo que Marazzi (así como, desde otro punto de
vista, Robert Boyer) denomina un «modelo antropogenético», esto es, «un modelo de "producción
del ser humano a través del ser humano" en el que la posibilidad del crecimiento endógeno y
acumulativo viene dada sobre todo por el desarrollo del sector educativo (inversión en capital
humano), del sector de la sanidad (evolución demográfica, biotecnologías) y del de la cultura
(innovación, comunicación y creatividad)»10
. Resulta sumamente interesante vincular el problema
principal que se plantea Marazzi en el texto que citamos –a saber, ¿quiénes y cómo pagan el coste
de la amortización de los cuerposmáquina en las condiciones de una producción basada en un
modelo antropogenético?– con lo que podemos llamar la «génesis maquínica» del 15M. Puesto que,
bajo las condiciones impuestas por el axioma de la «austeridad», el coste de la amortización lo
pagan, en tiempo y calidad de vida, los propios cuerpos máquina. Y sobre todo quienes viven
trabajan en mayores condiciones de precariedad e invisibilidad social e institucional. La reducción a
un mínimo de las partidas del welfare state, la precarización del acceso al cualquier tipo de renta, la
desposesión de títulos de acceso a garantías sociales para sectores crecientes de la población, el
funcionamiento automático de los mecanismos de expropiación vinculados al endeudamiento, etc.,
se traducen en un redoblamiento de la violencia sorda de la movilización total de la sociedad red, en
un tempo que conduce a un límite de sostenibilidad las formas de vida de los sujetos, llevándolas a
un paroxismo.
Consideremos hasta qué punto esto es así en las dimensiones de lo que Guattari denominaba la
esclavitud [asservissement] maquínica, es decir, los procesos de captura de las funciones
maquínicas humanas (desde el sistema psicomotriz a la expresión codificada de las emociones, pero
también el reconocimiento y la respuesta a señales y expresiones codificadas de tipo lógico y
semántico, como en la gramática de las redes sociales y en general de las web 2.0) por parte de
sistemas de máquinas técnicas y lógicas más desterritorializadas (los interfaces de usuario de los
distintos soportes informáticos y telemáticos, el sistema de conducción automovilística, en el
ejemplo princeps de Guattari, o el sistema de atención, servicio y vigilancia de un equipo de
posible un sí mismo autobiográfico, que permite una conciencia extendida. Al final de la cadena, la conciencia
extendida permite la conciencia a secas», ibid., p. 209.
9 Christian Marazzi, «L'ammortamento del corpomacchina», http://multitudes.samizdat.net/Lammortamentodel
corpomacchina.
10 Ibid.asistentes de vuelo comercial o el protocolo de recepción y clasificación de un servicio hospitalario
de urgencias, pero también el sistema de trabajo humano en una cadena de montaje taylorista). La
esclavitud maquínica funciona con arreglo a automatismos de la percepción, la emoción y la
cognición que no precisan de una conciencia focal plena salvo en situaciones límite. En esa medida
no es un sistema de sometimiento que implique las dimensiones de identidad del sujeto o una
interacción simbólica asimétrica, sino que es esclavitud en el sentido cibernético de la expresión,
como cuando se habla de un «servomecanismo». Consideremos hasta qué punto la inmersión
infocomunicativa de las funciones trabajovida en la sociedad red está hecha de tales automatismos
prácticamente inconscientes bajo el control modulado de máquinas técnicas e informáticas. Si hay
una infraestructura maquínica de la movilización total productiva, la encontramos en estas
dimensiones de subordinación inconsciente o preconsciente. Y en esa misma medida, volviendo al
15M, algo ha debido producirse, una ruptura, una suspensión activa en esos automatismos para que
tales funciones se hayan puesto al servicio de la emergencia de ese proto sí mismo de un sistema
autopoiético, antes y después del 15 de mayo de 2011. En este sentido hablamos de una
insurrección del cuerpo máquina, porque, antes de convertirse en un proceso deliberativo,
discursivo y de reconocimiento entre sujetos e individuos –que se presentan como otros tantos
niveles de consistencia del sistema red 15M–, una bifurcación perversa, una emergencia rítmica,
una singularización contagiosa de las funciones de esclavitud maquínica ha tenido lugar, de tal
suerte que ha entrado en juego la procesualidad de un inconsciente maquínico, esto es, de aquel que,
según Guattari, «sería el de los campos posibilistas, el de las micropolíticas moleculares, así como
[...] el inconsciente alejado de los equilibrios estratificados». El inconsciente maquínico «está hecho
del conjunto de posibles que pueden habitar todas las dimensiones del agenciamiento»11
.
De esta suerte, la clave de bóveda del sistema 15M se sitúa entre los ritornelos que se cifran en
lemas como «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros. Democracia real ya» y,
sobre todo, desde las plazas, el «No tenemos miedo». Una virtud transversalista en las imágenes y
los signos, en el agenciamiento colectivo de enunciación que se construye a partir de actores
emergentes como DRY, pero también y sobre todo en el gesto de la acampada de la Puerta del Sol y
su resonancia de red, ha llegado al corazón mismo de las rutinas, de los ritornelos reiterativos de la
función trabajovida vinculada a la esclavitud maquínica. Desviando tales rutinas y poniéndolas al
servicio de la construcción de la «contra movilización total» de un sistema red. Generando, por así
decirlo, un plusvalor maquínico que se ha traducido en una conversión en máquina de guerra de las
modalidades más banales de interacción telemática. Así, por un lado, las imágenes de la Puerta del
Sol han funcionado, en su resonancia con la plaza Tahrir, como un ritornelo sensible que ha dado
una entidad a priori inverosímil a universos de valor capturados en hashtags como
#spanishrevolution, adoptados irónicamente en un principio, pero tornados sobre la marcha en una
creencia validada por el proceso mismo del 15M. Este tipos de ritornelos sensibles ha dado la
realidad de una puesta en existencia, de un territorio existencial precario al circuito entre el espacio
(público) físico y la red, entre los cuerpos en la calle y los cuerpos individualizados conectados a la
red, que han podido ser percibidos por cada singularidad del 15M como modos y atributos de una
misma sustancia. Por otro lado, el afecto problemático de lo que podríamos llamar una «indignación
transversalista» se ha traducido en un «enloquecimiento» de las rutinas (tanto laborales como
vitales) de cientos de miles de personas, ha recombinado y redireccionado (estigmérgicamente) los
patrones neuronales entre atención, emoción, percepción, cognición y acción, alumbrando un tempo
11 Félix Guattari, «Les quatre inconscients», seminario del 13 de enero de 1981, http://www.revue
chimeres.fr/drupal_chimeres/files/810113.pdf. Pero también: «Hay un inconsciente maquínico molecular que atañe a
sistemas automáticos, sistemas de moldeado, sistemas de imitación, etc., que no introducen ni cadenas semióticas, ni
fenómenos de subjetivación de relaciones sujeto/objeto, ni fenómenos de conciencia, donde funciones y órganos entran
directamente en interacción con sistemas maquínicos, sistemas semióticos.», Félix Guattari, «Présentation du
séminaire», 9 de diciembre de 1980, http://www.revuechimeres.fr/drupal_chimeres/files/801209.pdf.singularísimo del «deseo de la máquina» que antecede a toda deliberación o decisión del individuo.
El «no tenemos miedo» ha podido alcanzar el corazón de los cuerposmáquina.
Estructura paradójica de la decisión y la representación: entre el pueblo y la multitud. Las
máscaras y proceso de autoconstitución
Resulta interesante considerar, a la luz de lo expuesto, las dificultades que en las acampadas y las
asambleas se han presentado a la hora de tomar decisiones, de funcionar por consenso pero sin
unanimidad, de instalar el disenso en su seno sin que éste cristalice en bloques e identidades.
Mientras que la función de espacialización, así como de expresión del cuerpo y de ocupación y
reapropiación física del territorio urbano por parte de las acampadas, las asambleas y las
manifestaciones no autorizadas constituye uno de los puntos fuertes de su consistencia y las valida
como uno de los centros del sistemared 15M, sin embargo es notorio que el añadido o la
superposición de las funciones de «ágora» de individuos cualesquiera y, en cierto modo, de
«asambleas populares constituyentes» se ha encontrado con dificultades críticas que han lastrado su
funcionamiento y su dimensión de «máquina de guerra» social en el territorio metropolitano. No
obstante, la constante inmersión del subsistema de ocupaciones y asambleas en el conjunto
(indeterminable en número y extensión en un momento dado) del sistema red 15M ha resuelto
buena parte de tales atolladeros en las situaciones más críticas y que podían presagiar una parálisis y
el comienzo de la descomposición. Entra aquí en juego la idea de una validación de las propuestas y
de decisión por «recursividad», en la que la densidad y masividad de las intervenciones sucesivas en
la red sobre problemas o alternativas planteadas hace que tales problemas y alternativas se
reformulen sucesivamente a partir de oleadas de participación y, en cierto modo, emerjan «opciones
atractoras» que, en el medio, activo y dominado por pasiones alegres cooperativas, del sistema red
emergente, tienden a encontrar las soluciones más adecuadas para el problema (táctico,
organizativo, etc.) planteado. Pero sería un error disociar esta «wisdom of the crowds» de las
condiciones excepcionales y frágiles de un sistema red nutrido por la indignación (un odio) y la
falta de miedo (una alegría contagiosa). Dicho sea para evitar toda apología de la espontaneidad
óptima de los sistemas emergentes, que llevaría a entender el 15M como una más de sus
ilustraciones.
Entendemos así mejor el «vamos lento, vamos lejos», que ha servido de respuesta a las exigencias
de «resultados» o «soluciones» inmediatas. Se vislumbra en ello la conciencia intermitente de la
irrepresentabilidad de una multitud, y por ende la necesidad de las máscaras y el perspectivismo
intrínseco de la forma 15M. La condición es que el proceso se desenvuelva en un medio
estigmérgico que permita romper los bloqueos que se dan en situaciones y espacios determinados.
En este sentido es un sistema de apropiación perspectivista, es decir, que se apropia y constituye lo
real a partir de una miríada de actos singulares de enunciación y de reapropiación, enriqueciendo la
complejidad y al mismo tiempo tornándola legible y practicable en las dimensiones estigmérgicas
de su uso parcial, perspectivista, por parte de unas u otras componentes del sistemared 15M.
Así, más allá de la «toma del poder», el movimiento del 15M presenta una ambivalencia no resuelta
entre reconocimiento, regeneración democrática y éxodo. Porque no cuesta entender que la valencia
antagonista del odio (puesto que la indignación es un odio) esté subordinada al proceso del sistema
autopoiético, a la puesta en existencia de sí mismo. Odio necesario, pero subordinado a la
constitución de las nociones comunes del sistema red. Entendemos así mejor la función de las
máscaras, las mil caras y los mil programas del 15M como una modalidad de sabotaje de las
funciones de identidad coextensivas a la formalización de un antagonismo molar entre dos sistemas asimétricos, el sistema constitucional y el sistemared 15M12
. Donde, en las condiciones del espacio
político del Estadonación, la molarización del enfrentamiento con el sistema constitucional solo
puede terminar con la descomposición del 15M en los atolladeros acostumbrados de la sacrosanta
unidad transcendente o las «patologías» del escisionismo, la representación parlamentaria o el
abandono de la desobediencia civil no violenta ante el recrudecimiento de la represión policial y
judicial. Los problemas de la desnacionalización del espacio político europeo, el de la inmersión del
sistemared en el diagrama antagónico de explotación y expropiación de las políticas de
«austeridad» en cada ciudad y territorio, así como el de la formalización constituyente del proceso
mismo de apropiación y transformación de lo real por parte del sistema red en su puesta misma en
existencia, (que atañen a la creación de instituciones y a la contraposición de una escritura y de unos
actos constituyentes a una norma constitucional que ampara la supresión de las condiciones
materiales o biopolíticas de la democracia bajo el imperium del sistema de partidos), son la cifra de
la crisis presente del 15M tras el último ápice de intensidad del 15 de octubre de 2011.
Espero que estas consideraciones nos ayuden a comprender el 15M sin hacer uso de
interpretaciones que anulan su potencia y esplendor, la banalizan o la reducen a esquemas
sociológicos y politológicos acostumbrados. El 15M explica o expresa antes de representar, y los
explicadores han de ser explicados.
12 Véase nuestro artículo «15M, multitud que se sirve de máscaras para ser una», http://uninomade.org/15mmultitud
quesesirvedemascarasparaseruna/
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